¿Pueden las ciudades volverse realmente circulares y cómo lo logran?

¿Pueden las ciudades volverse realmente circulares y cómo lo logran?

¿Pueden las ciudades volverse realmente circulares y cómo lo logran?

Las ciudades consumen más de dos tercios de la energía mundial y emiten más del 70 % de los gases de efecto invernadero. Ante esta realidad, buscan reducir su impacto adoptando estrategias inspiradas en la economía circular. Este enfoque tiene como objetivo limitar el despilfarro reutilizando, reciclando y optimizando los recursos en lugar de desecharlos después de su uso. Sin embargo, no existe una única forma de hacer que una ciudad sea circular. Un análisis de 26 metrópolis en todo el mundo revela que cada ciudad adapta esta transición según sus necesidades y sus medios.

Algunas ciudades se centran en algunos sectores clave para iniciar el cambio. Por ejemplo, apuntan a la construcción y las compras públicas, dos áreas donde las ganancias ambientales pueden ser rápidas y visibles. Apuestan por acciones concretas como la renovación de edificios, la creación de plataformas de intercambio de materiales o la formación de los habitantes en nuevas prácticas. Estas iniciativas, a menudo impulsadas por actores locales y colectividades, buscan dar ejemplo y fomentar la adopción de comportamientos más sostenibles.

Otras ciudades adoptan un enfoque más ambicioso transformando varios sectores a la vez. Innovan en alimentación, gestión de residuos, movilidad o energía, desarrollando soluciones tecnológicas o apoyando la investigación. Su objetivo es repensar en profundidad el funcionamiento urbano, basándose en asociaciones con empresas, universidades y ciudadanos. Estas ciudades buscan convertirse en modelos, probando ideas nuevas y compartiéndolas con otros territorios.

Una tercera categoría de ciudades privilegia la colaboración entre actores públicos y privados para hacer evolucionar sectores tradicionales. Mejoran progresivamente la gestión de residuos, la construcción o la alimentación, favoreciendo la reutilización y el reciclaje. Su fuerza reside en su capacidad para reunir a diferentes socios en torno a objetivos comunes, aunque sus acciones a veces estén limitadas por restricciones presupuestarias o reglamentarias.

Finalmente, algunas ciudades se conforman con ajustar prácticas existentes, sin alterar sus hábitos. Actúan principalmente en construcción y alimentación, promoviendo principios como la reducción de residuos o la reutilización de materiales. Sus acciones son menos espectaculares, pero permiten avanzar paso a paso hacia una economía más sobria.

La elección de una estrategia depende a menudo del apoyo político, los recursos financieros disponibles y las tradiciones locales. Las ciudades que disponen de presupuestos dedicados y una fuerte voluntad política pueden lanzar proyectos más audaces. En cambio, aquellas que carecen de medios o apoyo se centran en acciones específicas y realizables a corto plazo. Los ejemplos europeos y norteamericanos muestran también que las regulaciones locales y los intercambios entre ciudades juegan un papel clave en la aceleración de esta transición.

Estos diferentes enfoques demuestran que no existe una receta única para una ciudad circular. Cada territorio encuentra su propio equilibrio entre innovación y pragmatismo, según sus ventajas y desafíos. Lo importante es empezar, incluso a pequeña escala, porque cada iniciativa contribuye a reducir la huella ecológica de las zonas urbanas. Las ciudades que comparten sus experiencias permiten a otras aprender y adaptarse, acelerando así la transición hacia modos de vida más sostenibles.


Références du site

Référence scientifique

DOI : https://doi.org/10.1007/s44498-026-00018-y

Titre : What do circular cities do? Insights from 26 case studies

Revue : Journal of Industrial Ecology

Éditeur : Springer Science and Business Media LLC

Auteurs : Mugur Schuppler; Christina Bidmon; Mark Roelfsema; Detlef van Vuuren; Julian Kirchherr

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